Estrés y ejercicio físico. El mejor aliado contra el Covid19.

Vivimos días de yuxtaposición, de interpretaciones volátiles, de un ánimo no correlacionado con ningún otro escenario anteriormente vivido. Y entre tanto, un cartel en nuestra pirámide de Maslow particular que reza “Cerrado por derribo”.

Mas allá de la asunción del riesgo sobrevenido y la crisis sanitaria, cada uno de nosotros, cada una de las empresas que conforman nuestra realidad, nos hemos contagiado devulnerabilidad, de incapacidad para recopilar planes mentales que nos ayudaron a salir de otras crisis y sobre todo, de estrés, además de un estrés que ha mutado.

El estrés es el mejor aliado de este COVID19 que se ha armado bien y que esta jugando muy bien sus cartas. Fuera de la vorágine de causas, medidas y conductas preceptivas, hagamos una reducción a lo primario. El mayor o menor impacto del virus, depende de la integridad del sistema inmunológico, y es ahí donde podemos ser responsables con nosotros mismos. En este punto, somos vulnerables pero tenemos capacidad de decidir, decidir sobre ajustar los hábitos de vida que nos van a servir de parapeto ante la viralidad y para agilizar nuestra productividad personal POST-CONFINAMIENTO.

A falta de vacuna, una de las medidas preventivas más potentes es el ejercicio. El ejercicio por un lado va a reforzar el sistema inmunológico ofreciendo resistencia al virus, va a disminuir el riesgo de contraer enfermedades cardio-respiratorias, va a aumentar los niveles de neurotransmisores (dopamina, serotonina y noradrenalina) mejorando indefectiblemente el ánimo y neutralizar ese estrés que opera en UTE con el COVID19. El ejercicio modificará la sensación de debilidad e inacción y ofrecerá la resistencia necesaria a la incertidumbre.

Recomendamos acceder a un canal de entrenamiento, a través de una de las empresas que más intensamente han trabajado en la promoción de la salud a través del ejercicio. En Método Fenómeno (www.centrofenomeno.es) con su canal del entrenador nos van a ayudar a la adquisición de hábitos saludables, porque no podemos olvidar que crear el hábito solo depende de nosotros y disponemos de 21 días para adquirir una conducta útil para una competitividad futura.

Tal y como afirmaba William James, el padre de la psicología científica, hablaba de la plasticidad del cerebro para adaptarse a entornos inciertos, concretamente establecía que necesitamos 21 días para que nuestro cerebro normalice un nuevo escenario y consolidar un hábito.

Y es que 21 días es lo que tardan las células madre en diferenciarse de nuevas neuronas cerebrales, los biorritmos emocionales e intelectuales duran 21 días o por ejemplo según el cirujano plástico Maxwell Matz los pacientes con un miembro amputado tardan 21 días en acostumbrarse a su nuevo aspecto o en dejar de sentir un “miembro fantasma”.

Por lo que a parte del famoso “quédate en casa” tenemos la forma más directa para poder enfrentarnos a la situación de la mejor manera para nuestra sistema inmunológico, el “ejercicio físico”.

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